Siete equivocaciones con la India Catalina. SEGUNDA: Acusarla de traidora por ignorancia, por cáculo o por odio


Sigmund Freud, autor del concepto de Pulsión de muerte (Foto de Wikimedia Commons).

Por Hernán Urbina Joiro

La conclusión pueril de quien no tiene más datos, ni mucha mente disponible, es conocida: «Si era indígena y ayudó a los españoles, entonces sería una traidora». El cálculo perverso de quienes identifican a una población que podrían asustar, y/o estimularles el odio, con fines personales, es afirmar: «Era indígena y ayudó a los españoles, por lo que fue una traidora». El razonamiento de quien odia —la expresión odio neurótico es redundante, puesto que el odio es una emoción neurótica— es: «Era indígena y ayudó a los españoles por lo que siempre será una traidora».

Este trabajo de 20 años, Entre las huellas de la India Catalina (Universidad del Rosario, 2017), promueve una mirada del pasado más acorde con la noción de la Nueva Historia de Colombia, la corriente brotada en los años sesenta del siglo XX de las ideas de Jaime Jaramillo Uribe y que propende por la construcción de una historia más científica, plantearse preguntas, problemas específicos, en contraposición a la idea de la historia como una narración de sucesos y concebir la profesión desligada de la historia partidista. Entre las huellas de la India Catalina promueve «Pensar históricamente», como aconsejaba Pierre Vilar, quien advertía que «Desatender las lecciones de la etnología y la psicosociología [...] significaría prepararse mal para comprender (o criticar) el contenido de las palabras que conforman el discurso histórico», y esta voluntad incluye descartar clichés y prejuicios o, como observa la regla del historiador Josep Fontana, no contentarse con una narración puntual de los acontecimientos, puesto que la historia no consiste en simples hechos aislados, sino, más bien, en el complejo resultado de la interacción de fuerzas diversas sobre las que debemos «pensar».

Los que ignoran, los que calculan perversamente, los que odian no promueven el «pensar», limitados por su incapacidad, su perversidad, su odio, y pueden llegar a ejercer un resentimiento difícil de curar, llegar a no desear curarse porque necesitan siempre lastimar a alguien: pulsión de muerte es llamada esta situación descrita por Freud. En la América Mestiza, la pulsión de muerte residiría en ese siempre deseoso intento de ocultar o distorsionar el devenir histórico propio y de los demás. En el caso de la India Catalina, ejercen la pulsión de muerte quienes deforman y ocultan, con cálculo perverso, u odian —valga la redundancia— neuróticamente a La Conquista y sus personajes.

Si alguien tuvo una coherencia admirable, aun poniendo en riesgo su vida y, en verdad, condenada a morir en vida en el ostracismo tras acusar a Pedro de Heredia de robar oro, fue la India Catalina, convencida del cristianismo, en el que pareció encontrar una explicación providencial a su rapto en su Zamba natal para ser llevada educarse entre religiosos en República Dominicana; fuerte convicción que adquirió desde niña, convicción desde la que pareció entender el proceso de conquista, al igual que muchos religiosos convencidos, como la campaña para salvar de la condenación a su pueblo apóstata y caníbal. A ese ideal cristiano aprendido desde niña no pareció fallar jamás, pese a ser la concubina de Pedro de Heredia en Cartagena de Indias, pero distinguiendo bienes superiores al de esta condición: su Dios, su fe, la campaña salvífica donde colaboró con profundo convencimiento.

Pero hay personas que no pueden «pensar» sobre esto o sobre la vocación del género humano desde su surgimiento hace millones de años en África: el caminar para mezclarse con otros pueblos, avanzar hacia el mestizaje, a pesar de lo cruento que podía ser según la época y las costumbres. La India Catalina, sin duda, ya era mestiza cuando regresó a tierra firme: una imponente indígena engastada en ropaje español, que no olvidó sus dialectos indígenas e incluso aprendió otros nuevos de vuelta a tierra firme para verter en frases nativas la palabra católica en la que creyó desde muchacha. La India Catalina es Madre del mestizaje en los territorios de Cartagena de Indias, es decir, Madre de lo que somos y tenemos hoy en día para mejorar, no para odiar, porque sería odiar nuestra propia naturaleza, escupir sobre nuestra propia naturaleza.

Este trabajo de 20 años, Entre las huellas de la India Catalina, va dirigido a los que, con sinceridad, con honor, de buena fe, por no tener más datos, repudiaban a la India Catalina; va dirigido a personas que honran la íntima conexión semiótica entre las palabras valor, virtud y vergüenza. Este trabajo no fue desarrollado para personas que no honran esa conexión y pueden decir, conscientemente, cualquier cosa sin valor, sin virtud… y sin vergüenza.

@UrbinaJoiro
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