SIETE EQUIVOCACIONES CON LA INDIA CATALINA. Primera: Creer que aún se puede decir cualquier cosa porque no habría forma de rebatirla


Primer folio de la Cédula Real que le permitió a Pedro de Heredia sacar, contra la voluntad del Gobernador García Lerma, a la India Catalina de Gaira, el 13 de enero de 1533. Copia ordenada por Hernán Urbina Joiro en el Archivo General de Indias, en agosto de 2004.

Por Hernán Urbina Joiro

Hace 20 años era más lento. Pero, si se tenía la decisión, se podían rebatir las farsas que pululaban sobre la India Catalina. Hace dos décadas, si alguien se presentaba a la puerta de una librería a decir —para que la confundieran con una persona leída— que en un libro mexicano se afirmaba que la India Catalina había sido vendida en su pueblo y no secuestrada, el pobre librero, si no sabía o no podía investigar, se podía quedar por años con esa invectiva. Hoy la búsqueda para rebatirla puede ser cuestión de horas.

Porque se trata de una cuestión de pruebas. Ni siquiera es cuestión de un sólo indicio. Se trataba de buscar, sentarse a revisar, hurgar y repasar, una y otra vez, lo que se dejó escrito sobre la India Catalina desde el propio siglo XVI. Pero, incluso, hace 20 años ya se podía contactar a la doctora María del Carmen Gómez, la eterna Secretaria Académica del Departamento de Historia de América de la Universidad de Sevilla, la gran apasionada por Cartagena de Indias y conocedora, como pocos, del Archivo General de Indias (AGI). Con ella y sus alumnas se podía investigar en el propio AIG, como lo hicimos en 2004 y se volvió a hacer en 2012. Hoy, incluso cualquier fuente que se invoque puede comprobarse en línea o solicitarse un ejemplar o un facsímil de la prueba.

A falta de buena voluntad, se llegó a recurrir a curiosos argumentos, frutos de una presunta «oralidad», pero, en la práctica, más bien empleados como coartada para las más diversas y disparatadas intenciones personales o grupales relacionadas con la India Catalina. La oralidad debe tener raíces que puedan atribuirse con claridad a un árbol determinado. No tiene duda que cierta formar de cantar corresponde a un grupo humano concreto, pero afirmar que la India Catalina en cuestión —secuestraba en Zamba, llevada a Santo Domingo, regresada a Gaira, allí recogida por Heredia, luego acusadora de Heredia, etc.—  era nativa de otro pueblo del Caribe colombiano, porque alguien mayor afirma que, incluso, fue la reina del carnaval del poblado, ¡eso sí tiene validez como chiste de carnaval!, pero no como prueba contra casi un centenar de textos que llevan a una dirección completamente distinta.

Hace 20 años era más lento. Hoy son bastante ágiles los recursos para rebatir las invenciones que se conocen hasta ahora sobre la India Catalina. Aún no se tienen todas sus huellas. Pero el margen para deformarlas y ocultarlas, de nuevo, se ha estrechado con enormidad.

@UrbinaJoiro
india-catalina.com

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