
Jano, en el Museo Gregoriano Etrusco de El Vaticano.
Jano, dios romano de los comienzos y los finales —tiene dos rostros mirando a extremos opuestos—, de cuyo nombre derivó Ianuarius, Janeiro, Janero y finalmente Enero, no sólo era invocado como protector el primer día de enero —especialmente desde los años setecientos a.C.—, sino que además se le atribuía la invención del dinero, las leyes y la agricultura, tal vez, los tres asuntos que más han enfrentado a los seres humanos y esto debería ser suficiente para comprender la asociación de Jano con la guerra: se le invocaba al comenzar una batalla y durante ella las puertas de su templo en Roma permanecían abiertas, mientras que en tiempos de paz permanecían cerradas. En este nuevo mes de Jano, en medio de tantos conflictos a causa de los desastres financieros, las injusticias y el hambre, ¿cómo interpretar el rostro de quien puede iniciar o acabarlo todo?