"EL NUEVO HUMANISTA DEBE SER UN INSPIRADOR"

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Hernán Urbina Joiro presentó al Maestro Juan Mendoza Vega en la Academia de Medicina de Cartagena

  
Académico Juan Mendoza Vega

Si el nuevo partidario de lo humano o nuevo humanista es capaz de enseñar ese postulado del doctor Mendoza Vega en griego o en latín no estaría mal, si los demás le logran entender, porque lo primordial es que logre comunicarlo efectivamente, porque un nuevo partidario de lo humano o nuevo humanista es sinónimo de buen educador —como Mendoza Vega—, no de predicador ni de ideólogo; un nuevo partidario de lo humano es más bien un equivalente a inspirador.

El encargo que me hace la honorable Junta Directiva de la Academia de Medicina de Cartagena, de presentar en esta Sesión Solemne, al muy alto señor, doctor Juan Mendoza Vega, alto señor no sólo en el ámbito de la ciencia, de la educación, sino también en el periodismo, en la literatura, en el arte, en verdad es un encargo que no puedo dejar de concebir como una situación bella y extraña, semejante, por cierto, a esos viajes de ida y de regreso en el tiempo, a la paradoja de los relojes, de que hablaba Albert Einstein a principios del siglo XX, puesto que esta es, sin duda, la extraordinaria situación en donde el futuro me ha regresado físicamente al pasado para cumplir un antiguo deseo: agradecerle en público, además en mi región, a la persona que me ayudó a tomar la decisión de construir esta existencia tal como la llevo desde hace 28 años, asido de una mano de la medicina y de la otra del arte, por haberlo asimilado de esa forma mientras oía su cátedra de Historia de la Medicina y Ética en la Universidad del Rosario, y además por observarlo en su propio ejemplo de vida. He arriesgado hacer de esta forma la presentación del doctor Juan Mendoza Vega por no encontrar otra manera mejor para mostrar al hombre y, al tiempo, al rutilante e inalcanzable curriculum que le acompaña.

En 1983, la Facultad de Medicina de la Universidad del Rosario aún estaba fijada en el Hospital de San José, en Bogotá, y allí acudí por esos días a iniciar mis estudios médicos, en días verdaderamente opacos, más que por el clima bogotano de entonces, por las sombras interiores que no me dejaban concluir si debía abandonar de un tajo mi pasión por la poesía y por la música o si debía tomar de inmediato un vuelo de regreso a Valledupar para retomar los poemas y el acordeón. Pero surgió la luz. En esa misma semana, asistí allá, en el tercer piso del viejo Hospital de San José, a la primera lección de Historia de la Medicina, dictada por el Maestro Juan Mendoza Vega. Con sólo observar su catadura y oír sus primeras palabras comprendí que estaba frente a un ser humano completamente distinto a cuantos había conocido. Cuando nos narró, tal como lo hacen los grandes literatos, sobre la existencia, crucial para la historia del mundo, de grandes médicos que, al tiempo eran grandes artistas, y nos indicó que la medicina misma debía ser un arte, en ese mismo instante ya supe, y para siempre, cuales eran las coordenadas que me tocaba recorrer en este mundo y supe además que para lograrlo no debía desechar nada de lo aprendido en el arte, sino más bien integrarlo a todo lo que debía aprender en adelante en la medicina. Acabo de escribir en los borradores de mi más reciente libro, Humanidad ahora, que de no haberme contagiado —hace ya cerca de treinta años— de eso que por ahora baste por describirse como ser “Partidario de lo humano que vivifica” mientras escuchaba cada cátedra del doctor Juan Mendoza Vega, muy probablemente no me hubiera convertido en el médico que soy, en el escritor que soy y, tal vez, ni fuera el hombre satisfecho que creo ser; y todo gracias a un Maestro que era consciente y me hizo consciente, entre otras cosas, de aquello que ya pregonaba a mediados del siglo pasado el pensador austriaco Heinz Kohut:

      Que el artista suele adelantarse a su tiempo al ocuparse de los problemas nucleares de su época y encontrarle respuestas.

Con lo que acabo de expresar, aspiro a introducir ante la audiencia no sólo al doctor Juan Mendoza Vega como médico, historiador y literato, sino además al hombre que encarna el ideal de educador. Señores: la calidad en educación reside en la calidad de los que enseñan, en los hombres y mujeres que hacen la diferencia entre alguien con informaciones y otro con conocimiento. Hasta el potencial más fuerte podría apagarse a medida que el estudiante enfrenta uno a uno a los maestros que la vida le impone. No existen, en verdad, proyectos o temas imposibles: siempre será posible contagiar a otros con el asombro de comprender, siempre será posible transmitir el entusiasmo por conocer más, tal como sigue invitando a tantos médicos en Colombia y en el mundo por más de medio siglo el Maestro Juan Mendoza Vega.

Desde 1952, año en que el Maestro Mendoza Vega empezó sus estudios médicos, hasta la fecha de hoy, el doctor Mendoza ha ido acompañando muy de cerca los adelantos de la ciencia, pero también ha ido reaccionando con firmeza, cuando ha sido preciso, ante los horrores del progreso mismo. Por ello, no sólo se limitó a enseñar sobre Fisiología y Neurocirugía. El doctor Mendoza Vega ejerce como Profesor de Ética Médica en la Facultad de Medicina del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario desde el año de 1983; en 1986 fue Miembro Fundador del Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos y más tarde llegó a la Presidencia del Tribunal Nacional de Ética Médica, todo esto mientras anunciaba entre alumnos, entre académicos e incluso ante la sociedad en general cuestiones como:

      Nadie puede pedir la eutanasia para otro.

El doctor Juan Mendoza Vega ha sido uno de los primeros y más grandes divulgadores en Colombia del auténtico sentido de “Morir con dignidad”; fue uno de los primeros, hace décadas, en promover, que, frente a una enfermedad terminal o previéndola, se dejara por escrito, si era voluntad, que no se deseaba que se hicieran tratamientos extraordinarios. El doctor Mendoza Vega es el prototipo de lo que sería un nuevo partidario de lo humano o un nuevo humanista para estos tiempos tan distintos al Medioevo, un partidario de lo humano que vivifica, pero que es capaz de enseñarle a despedirse a ese viajero o a esos despidientes que no saben cómo hacerlo y sin la necesidad de inyectar apresuradamente una infección letal a un enfermo.

Pero, su extraordinario pensamiento crítico no sólo se ha limitado a la Bioética —que creo que es el ámbito de la filosofía contemporánea en donde radican y radicarán las grandes preguntas del hombre contemporáneo—, sino que además el doctor Mendoza Vega se preocupa de continuo por ajustar propiamente los viejos paradigmas a las nuevas realidades. En 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS) había definido a la salud como “El estado de completo bienestar físico, mental, espiritual, emocional y social” y en el año 2002 el doctor Juan Mendoza Vega expresó, con motivo de su posesión como Presidente de la Academia Nacional de Medicina:

      La definición de la OMS constituyó en su momento un trascendental avance de conceptos. En efecto, sustituyó a la varias veces milenaria idea de considerar la salud en términos de ausencia de las alteraciones orgánicas agrupadas bajo el término genérico de "enfermedad" y la reemplazó por la visión del "bienestar" tanto en el campo físico, es decir orgánico, como en dos complementarios cuya trascendencia se reconoció de modo explícito por primera vez: el de las funciones mentales y el de las relaciones con la sociedad. Sin embargo, resulta evidente que la definición se centra en los individuos de la especie humana y sólo es aplicable totalmente a ellos.

Y, en esa misma intervención del año 2002, y recordando los conceptos de la geometría fractal enunciada en los años setenta del siglo pasado por Mandelbrot, quien advirtió que ni las nubes son esféricas, ni las montañas cónicas, ni las costas circulares, ni la corteza es suave, ni tampoco el rayo es rectilíneo, que la investigación de la morfología de lo “amorfo” ha sido desdeñada por los matemáticos, precisamente, estas formas que llamó Mandelbrot por “fractales” y que implican el azar y sus regularidades e irregularidades estadísticas, propuso el doctor Juan Mendoza-Vega:

      Salud es un estado vital, dinámico y complejo, caracterizado por el adecuado funcionamiento interno y la relación armónica con un medio externo igualmente saludable.

Con esto se entendería mejor que la salud no se comporta según los modelos deterministamente lógicos, fatalmente matemáticos, perfectamente razonistas, y que además la salud tiene mucho que ver con el entorno que rodea incluso a los seres humanos. Con esta nueva definición que ha propuesto el Maestro Mendoza Vega conjuntamente se afrontaría mucho mejor el asunto de lo medioambiental y que debe abordarse desde una postura ética, no sólo por el vínculo primario del medioambiente con lo humano —las palabras humanus y homos tienen la raíz común humus, que significa tierra—, sino, por sobre todo, porque el medio ambiente no tiene ninguna conciencia que le avise que debe escapar cuanto antes del hombre. El hombre es el único que tiene esa conciencia y es al que le cabe la responsabilidad de lo que sobre el mundo se va haciendo y se va dejando, y además dejándole a sus propios descendientes, a la civilización que le habrá de suceder sobre este humus en donde apenas sí quedan bosques tropicales.

Y a propósito de ese célebre discurso de posesión como Presidente de la Academia Nacional de Medicina en el año de 2002, en ese mismo acto el doctor Mendoza Vega lanzó otra expresión avizora:

      El médico que ama su profesión y que deja fluir ese amor en cada uno de sus actos, consigue una calidad tan excelente que para ella no bastarían los más avanzados recursos de la ciencia y de la técnica; una calidad que es percibida por quien recibe la atención y provoca satisfacción profunda tanto en esa persona como en el propio médico.

      No imagino un mejor postulado que este que acabo de leer, del Maestro Mendoza Vega, para definir a ese nuevo hombre que reclama nuestro tiempo: al nuevo partidario de lo humano o nuevo humanista para esta civilización posmoderna y adormilada. Si el nuevo partidario de lo humano o nuevo humanista es capaz de enseñar ese postulado del doctor Mendoza Vega en griego o en latín no estaría mal, si los demás le logran entender, porque lo primordial es que logre comunicarlo efectivamente, porque un nuevo partidario de lo humano o nuevo humanista es sinónimo de buen educador —como Mendoza Vega—, no de predicador ni de ideólogo; un nuevo partidario de lo humano es más bien un equivalente a inspirador.

Con lo anterior queda explícito que el ejercicio de lo que aquí se postula como ser un nuevo partidario de lo humano o un nuevo humanista no puede ser una pedante dedicación al estudio de las humanidades porque eso sería intentar reducir a sólo eso al espíritu humano y el hecho de estar en frente a alguien como el Maestro Mendoza Vega, un reinventor del hombre renacentista, un reinventor de la paideia, es estar frente a un hombre con cuya vida nos autoriza a decir con el Nobel Günter Grass:

      Todo esto a que aspiramos es imaginable porque es posible.

Qué gran dignidad esta, la que la honorable Junta Directiva de la Academia de Medicina de Cartagena hoy me ha otorgado, la de presentar a tan alto señor de la ciencia, de la educación, del periodismo, de la literatura, del arte y que invita a otros a no caer en la terrible sentencia del médico y poeta español José de Letamendi:

      El médico que sólo sabe de medicina, ni medicina sabe

, un alto señor con cuya vida y obra hoy, además nos ayuda a redefinir que:

      Humanista ya no es aquel que sólo cultiva los studia humanitatis, sino, ante todo, el que es partidario de lo humano que vivifica frente al sufrimiento y frente la indolencia de la técnica y el comercio.

Bienvenido a esta, su Academia, Maestro Juan Mendoza Vega.

 

HERNÁN URBINA JOIRO, MD
Secretario General de la Academia de Medicina de Cartagena
Cartagena de Indias, 26 de julio de 2011.

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