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"La India Catalina no es un fantasía"
Por: Juan Carlos Díaz M. Diario El Heraldo. 12 de noviembre de 2006.


Hernán Urbina Joiro en la Academia
“La India Catalina no es una fantasía”


Hernán Urbina Joiro (Foto Wilfred Arias).

Médico reumatólogo, compositor vallenato de cuna, es el único guajiro que ha logrado ingresar a la Academia de Historia de Cartagena de Indias, con su ensayo sobre la aborigen que sirvió de traductora a Pedro de Heredia.

Por JUAN CARLOS DÍAZ M.
Cartagena


Hernán Urbina Joiro es una máquina de la palabra. En ella encuentra su forma para la seducción, con ella, hablada o escrita, ha convivido desde que tiene razón de ser, ha encontrado los espejos luminosos que le demarcan el camino a seguir, y ha logrado plasmar su nombre con la suficiente fuerza como para que nadie lo olvide.
Como compositor de fastuosas melodías, que no son más que poemas cantados; como el infatigable científico de la medicina o como el aventajado historiador que se dio el lujo de escabullirse en la Academia de Historia de Cartagena de Indias, sitio reservado para las cunas ilustres de la Ciudad Heroica, Urbina Joiro ha cumplido, a pesar de sus cortos 41 años, la feliz misión de encantar con su verbo.
Nacido hace 41 años en San Juan del Cesar (La Guajira), médico del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, especialista en Medicina Interna del Hospital Militar de Bogotá y en reumatología de la Unam de México, ha sido ganador en dos oportunidades del Premio Nacional de Medicina.
Como lo suyo era la poesía, se entretuvo con ellas desde los 12 años de edad, y las respaldó con la música que escuchó desde cuna y ha dejado (dice que ya su etapa como compositor la quemó) decenas de canciones que ha tarareado media Colombia, como ‘La Reina’, ‘Páginas de Oro’, ‘Cómo premiarte’, en voces de alcurnia vallenata como las de Poncho Zuleta, Diomedes Díaz, Rafael Orozco, Jorge Oñate, entre otros.
Ayer, el Concejo de Cartagena, le brindó un homenaje por su contribución a esclarecer mitos y leyendas de la ciudad, otorgándole la medalla de Gran Comendador.

LA ‘ÓPERA PRIMA’

Y, después de agotar su trasegar en la parranda, de continuar con sus investigaciones científicas y de dejar su huella pintada en el terreno que ha pisado, dio el gran salto hacia la palabra escrita, sin ínfulas y sin pedantería, pero sí con mucha dedicación, perseverancia y curiosidad, que son las claves del éxito en su nuevo papel de historiador.
No pudo escoger mejor tema para su ‘ópera prima’ como historiador, que la de escudriñar la leyenda que se teje en torno a la uno de los iconos referenciales de la historia de Cartagena, inmortalizada en el siglo XX con un monumento en su honor: la India Catalina.
La investigación está respaldada por más de un centenar y medio de referencias bibliográficas, cédulas reales, cartas y crónicas de la época, así como la colaboración de ilustres historiadores como Carmen Gómez Pérez, profesora titular y secretaria del Departamento de Historia de América de la Universidad de Sevilla, y del presidente de la Academia de Historia de Cartagena de Indias, Vicente Martínez Emiliani.
“Con la paciencia de un entomólogo y la curiosidad de una avezado investigador de la historia, que lo es en el más estricto sentido del vocablo, Hernán Urbina Joiro rescató la existencia cierta de la India Catalina, desdibujada y semiperdida en los entreveros de su misma leyenda. Para lograr su cometido, no hubo esfuerzo que esquivara, ni viaje que no emprendiera ni dificultad que no superara con ejemplares perseverancia y decisión. Escarbó en las tierras que sirvieron de escenario a los primeros años de vida de su personaje, husmeó en los testimonios de los viejos cronistas de América y consultó las antiguas y las nuevas versiones sobre la “lengua que llegó con don Pedro de Heredia al desembarcar en las playas de Cartagena el 14 de enero de 1533”, dice Martínez Emiliani, en el prólogo del libro ‘Entre las huellas de la India Catalina’.
Durante más de 8 años, Urbina Joiro se dio a la tarea de indagar sobre la verdadera historia de la indígena nacida en la población de Zamba (Galerazamba), de quien en la propia Cartagena sólo se tenían referencias ambivalentes, e, incluso, personas como el maestro Héctor Lombana, llegaron a dudar de su existencia.
“Catalina no existió nunca, es una fantasía”, le dijo el maestro Lombana a Urbina Joiro, frase que de alguna u otra manera, influyó en el autor guajiro para entusiasmarse con su historia, a tal punto que le dedicó casi nueve años de su vida.

 
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