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Debate Latinoamericano en Cartagena
EDUCAR PARA "LA POLIS"


Por: Hernán Urbina Joiro

Diario El Universal, 1 de junio de 2008.


La desigualdad, lo mediocre, que también tientan la educación, sólo se resolverán en casa.
La Conferencia Latinoamericana de Educación Superior que se reúne en Cartagena llevará sus planes decenales a Europa, por donde hace mucho superaron los lastres que aquí impiden decidir los asuntos definitivos e interesarse vivamente en la administración pública, interesarse en “la polis” al decir de los griegos, y no seguir siendo —por indiferentes— lo que ellos denominaban: “idiotés”. En esto hay poco para enseñarles a los europeos, que cuentan con una herramienta educativa inestimable, y que bien podrían traerse nuestros ministros en las maletas.
No es secreto que la cooperación internacional debe caer en buen terreno para que sea eficaz o que desastres latinoamericanos como alta deserción estudiantil, fuga de profesionales, desigualdad para acceder a tecnologías o educarse con calidad —mismos males en primaria y secundaria— no serán resueltos por ninguna instancia extranjera. Por eso sorprende que no se parezca advertir que las verdaderas soluciones surgirán aquí mismo, cuando los habitantes de “la polis” se apersonen responsablemente de ella.
Se ha dicho que el mayor peligro para las democracias son los ignorantes —que incluso manejan muchísimos datos—, esos que en masa siguen alelados a los populistas y cualquier barbaridad que les proponga. Contra esto, en Europa cursa como asignatura o tema transversal la “Educación para la ciudadanía”, un empeño ético-cívico de “formar ciudadanos activos y responsables, capaces de contribuir al desarrollo y al bienestar de la sociedad en la que viven, entrenados en la cultura política, el pensamiento crítico, el reconocimiento y respeto de sí mismo y de los demás, la consolidación de un espíritu solidario”.
Este ideal, de una educación para “la polis”, convendría esparcirlo temprano en las escuelas, pero llegarla a transmitir, aún, en esa “última oportunidad en el aula”, en los estudios superiores, puede ser decisivo en estas regiones. Cuando el ciudadano asuma que no debe desentenderse de lo que hagan con su “polis”; que ser racionales no es llevar cerebro humano, sino comprender las razones de los demás; que tolerancia es saber interaccionar con eso que no nos gusta; entonces podríamos aspirar con confianza a romper la fatalidad de seguir siendo lo que somos: pueblos violentos, saqueados e inequitativos.
Ha habido buenas intenciones: estudios auspiciados por el BID, programas de intercambio de docentes asistidos por la OEA, talleres de “competencia ciudadana”, pero seguimos lejos de una asignatura como la europea —que debe adaptarse, no copiarse al dedillo—, y que apoye a los padres a levantar ciudadanos que logren reducir, sin vuelta atrás, los abismos sociales.
En los planes decenales que se leerán en 2009 en París resaltan ciencia, tecnología y fomento de la investigación, imprescindibles para el progreso, aunque nuestro norte no consiste en que nuestros hijos dirijan en breve la Agencia Espacial Europea. Necesitamos progresar en equidad, paz y justicia, entre ciudadanos auténticamente responsables, lo que podría atenuar populismos y coacciones extranjeras, vecinas o lejanas, inaceptables en cualquier caso.
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