05 / 17 / 2008, 6:33 pm

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"Catalina, un misterioso bronce"

Imperturbable, imponente y hermosa. Así luce la India Catalina sobre su pedestal de piedra en plena Avenida Venezuela de Cartagena.


Su estampa -al igual que las murallas de la Ciudad Vieja- es un emblema indiscutible del Distrito Turístico. Su altivez cautiva desde las fotografías y postales que venden al Corralito de Piedra y, se le otorgó la tarea de representar a la mujer de esta zona del litoral Atlántico. En muchos libros de historia comparte honores con figuras masculinas preponderantes como Pedro de Heredia, San Pedro Claver y Rafael Núñez. Distinción impensada para quien nació y vivió en una época que estaba lejos de darle a la mujer, un papel distinto al de botín de guerra. Sin embargo, ella fue más que eso. Quienes reconocen su existencia -para bien o para mal- admiten que fue un personaje clave en la conquista y colonización de la Bahía.


Para algunos es la víctima, para otros, la mujer inteligente que supo ganarse a los españoles. Pero no faltan quienes la tachan de traidora e incluso, niegan su existencia, condenándola al territorio de la leyenda. Varios siglos después de su muerte, la Catalina de Cartagena sigue Pedro de Heredia india cuando buscaba información para crear al personaje femenino de su novela.

Urbina pasó en sus pesquisas por mujeres como Policarpa Salavarrieta y La Malinche, pero fue Catalina quien lo cautivó. ¿Por qué no se ponía de acuerdo la historia? ¿Quién fue en realidad la mujer de rostro impasible y desnudez altanera ¿que vigila la Bahía? Tenía que buscar respuestas para sus propias preguntas.


Dejó por un tiempo el empeño de novelar y se dedicó a caminar Entre las Huellas de la India Catalina. Así se llama el ensayo que lo hizo miembro de la Academia de Historia de Cartagena y que lo llevó a conclusiones inesperadas sobre la bella nativa.


Poca desnudez

Lo primero que hizo el médico Urbina en su interés por Catalina fue buscar a quien creó su imagen, el maestro Héctor Lombana, que en los años 60 elaboró estatuilla a petición Festival Internacional de Cine de Cartagena. Para sorpresa del escritor, Lombana reconoció que estaba convencido de que la India Catalina nunca existió y lo que hizo fue ponerle cuerpo y cara a una leyenda. En 1974 el escultor Eladio Gil Zambrana convirtió en monumento la estatuilla diseñada por Lombana. Pero para ese entonces, Hernán Urbina ya tenía la certeza de que la desnudez de la india correspondía a un asunto de imaginación lejano a la realidad.


"De Catalina se presume que era hija del cacique de Galerazamba, (región del departamento de Bolívar, ubicada en los límites con Atlántico) y tenemos claro que fue raptada a los siete años por Diego de Nicuesa, un español que se la llevó a Santo Domingo, donde la bautizaron con el nombre de Catalina y la educaron como española. Nunca volvió a Vestirse de indígena" señala Urbina.


Para conocer la historia hay que remitirse a los cronistas de la época que fueron testigos presénciales, dice el medico y escritor y menciona a Fray Pedro Simón y su testimonio de la admiración que causó Catalina entre su raza, al regresar a Galerazamba, 23 años después del rapto: "Admirados los pescadores de ver a Catalina tan en otro traje (llevaba el español) que el que traía la que la parió, que solo usaba las galas que le dio la naturaleza..."


Catalina en su vida adulta, nunca exhibió su cuerpo. No sólo porque se vestía como española, sino porque además era una mujer de carácter solitario, muy místico y que mostraba poco interés por sexualidad, pues legó a los 35 años sin que se le conociera romance alguno, pese a que -según los cronistas de Indias- fue una mujer hermosa y llena de pretendientes a los que desdeñaba. Estas particularidades de su temperamento encuentran razón en su profunda fe cristiana y en la experiencia traumática de la infancia de ser arrancada de sus raíces y obligada a asumir otra cultura.


"Visto por la psicología esta mujer desde pequeña contuvo su rabia y su tristeza, convirtiéndose en una persona solitaria y callada", explica el autor del ensayo.



Una mujer inteligente

Sin embargo, algo especial debía tener la india Catalina además de su belleza. Probablemente fue muy inteligente, pues logró convertirse en la mano derecha del gobernador Pedro de Heredia y en el puente entre su raza y los españoles.


Aclara Urbina que en la época era común raptar indígenas para esclavizarlas, "pero a Catalina no sólo se la eximió de la esclavitud, sino que fue tratada como una española más de Santo Domingo", dice. Por esta razón, al regresar a su tierra, a los 30 años de edad, se convirtió en "lengua", nombre con que se designaba a los traductores.


Catalina fue fundamental en la colonización y conquista de las tierras al sur del río Magdalena. La historia a veces la condena y la tilda de traidora por haber acelerado el proceso que le causó epidemias, abusos y muerte a miles de indígenas, quienes, pese a verla vestida como española, la recibieron afectuosos y la trataron como a uno de los suyos. De hecho, dicen los cronistas que durante estos años vivió con una tía suya y un feroz perro llamado Capitán que trajo de Santo Domingo. Pero también tiene como expiar sus culpas, pues al parecer su intención fue salvar a su pueblo "pagano". "Ella confiaba en la promesa de la Iglesia de sacar a los indios de la ignorancia y los vicios, idea que vendía muy bien la Corona española", concluye Urbina. Al cabo de un tiempo los muertos se contaban por miles y tal vez arrepentida y desengañada,

Catalina llegó a declarar contra Pedro de Heredia en el primer Juicio Real que se le hizo al gobernador. Pasado un tiempo el gobernante y su "lengua" hicieron las paces y ella terminó casándose a los 35 años, con un Sobrino de Heredia, que se la llevo a vivir a Sevilla: España, donde murió.


Advierte el autor que su ensayo que es una pauta para que surjan nuevas investigaciones sobre la espigada mujer de bronce, que se mantiene ajena a las ambigüedades que las rodean, erguida sobre su pedestal, catalina vigila las murallas que esconden para siempre miles de secretos e historias.

 
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