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Por: Oscar Collazos
El Universal. Sábado, 19 de agosto de 2006.
Leí hace dos años el primer borrador de la investigación que Hernán Urbina Joiro había escrito sobre la India Catalina. Lo vuelvo a leer ahora, ampliado y perfeccionado por las pesquisas que el autor adelantó en todas las fuentes posibles, convertido ya en un libro editado por Panamericana.
Entre las huellas de la India Catalina es el primer libro que se escribe sobre el mítico personaje, conocido fragmentariamente en diversos documentos de la conquista y, posteriormente, en las descripciones también fragmentarias de los historiadores. Había que armar el puzzle con piezas ofrecidas por los cronistas de Indias e historiadores modernos y ofrecer el retrato acabado de la indígena de Galerazamba, un retrato complejo, por cierto.
El libro de Urbina Joiro se convierte en un documento imprescindible de la historiografía cartagenera. La obstinada disciplina empleada por el autor en la búsqueda de documentos, búsqueda que lo llevó al Archivo de Indias de Sevilla y a cuanta obra hiciera mención del controvertido personaje, culmina en este libro de considerable calidad literaria y esforzado método investigativo.
Lo primero que se siente al repasar estas páginas es el enamoramiento del autor hacia un personaje admirado por muchos y vilipendiado por otros. Al buscarle referencias históricas reales, Urbina sigue las pistas que van del "secuestro" de la niña al regreso de la adulta convertida en mujer probablemente hermosa, lengua (intérprete) de conquistadores.
Para algunos, la India Catalina sería la traidora de su pueblo, la Malinche de nuestra historia, una joven no solamente raptada, cristianizada y españolizada por sus captores sino entregada más tarde a la causa de los conquistadores. Alrededor de esta versión escribe Urbina Joiro, deshaciendo en parte esta leyenda negra. Figura histórica y enigma, la India Catalina adquiere finalmente una fisonomía en las páginas de este libro.
El autor reconstruye las circunstancias que llevaron a esculpir y a entronizar el monumento de la India, conocido hoy como uno de los símbolos de Cartagena de Indias. Lo hace entrevistando a artistas y personalidades locales, "cómplices" en la construcción de la imagen conocida. No estoy seguro de que ésta sea la representación fiel de Catalina, ni siquiera de que la estatua exhibida corresponda al tipo de belleza de la etnia de la muchacha.
Muchos aspectos considerados por Urbina pertenecen al campo de las conjeturas, lícitas en trabajos de investigación que oscilan entre la historia y la leyenda. En este sentido, estas conjeturas son lícitas y necesarias. La Historia es una inacabable corrección de la Historia. Y es lo que el autor hace, remitiéndonos a las informaciones que apoyan esas conjeturas.
Aunque Urbina no sea un historiador, su obra se ofrece como un hito fundamental en la historiografía del personaje. Vemos a Catalina más cerca de la historia que de la leyenda. Sin deshacer el enigma que la rodea, las dudas que despierta su conducta de servidora de sus propios captores y el rasgo de dignidad que revela al testimoniar contra Pedro de Heredia en uno de los juicios de residencia abiertos contra el fundador de la ciudad, Catalina es aquí un personaje verosímil.
El estilo y los métodos de búsqueda del autor no son los que exigiría la historia académica de hoy. Creo que Urbina está más cerca de la gran crónica cultivada, por ejemplo, por don Germán Arciniegas. Pero lo que podría ser una objeción resulta una virtud del libro, escrito por un médico y escritor aconsejado alguna vez por la sabia curiosidad histórica de Manuel Zapata Olivella. |