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Se buscan letras para niñas
Diario El Universal. 23 de junio de 2001.

Contrario a lo que esperaba, en este último año me ha tocado trabajar en la música porque creo que la mayoría de las rondas infantiles no le dicen lo que debieran a mi hija. La he pasado parafraseándolas todas, que por lo general exaltan a las figuras masculinas: al Pinocho malherido, al pájaro carpintero con su martillar, al lobo que no está en el bosque o al soldado Mambrú que se fue a la guerra. He adaptado algunas, como la del Arroz con leche para que mi hija se case con un joven y no con una señorita de la capital o aquella de la muñequita que vistieron de azul para que cuando mi niña vaya a la iglesia no se me enferme ni me le dé un dolor.

Nunca fui un feminista, pero ahora que estoy bajo esta gotera trato de amparar el derecho de mi hija a ser, como ellos, una buena protagonista en las canciones infantiles. El problema es que, aunque logre solucionar el inconveniente con los cantos infantiles, va a ser complicado resolverle el mismo desequilibrio en los cuentos. Desde las recopilaciones de Charles Perrault y de los hermanos Grimm —incluidas las historias de las pasivas Blanca Nieves, Caperucita Roja y La Cenicienta— hasta la resonante serie de Harry Potter, los grandes paladines son casi siempre varones y las mujeres, cuando aparecen, son relegadas a un papel secundario, encarnando más bien personajes débiles o a brujas malvadas.

No se puede ocultar. Lo masculino aún se asimila a lo universal y lo femenino a lo particular. Una narración protagonizada por una niña tiende a mostarse como paradigma para las muchachas. Un cuento con héroe masculino se considera un relato proporcionado para ambos sexos. Esto lo comprenden muy bien los editores que se inclinan por los protagonistas varones para vender más. La Alicia de Lewis Carroll y la Sherezada de Las Mil y una Noches son excepciones entre un universo literario en donde las chicas han tenido hasta que firmarse como hombres para publicar un libro o para mostrarlo a un jurado.

Son papeles preconcebidos en la sociedad y con innegable repercusión. No más fíjese en la flagrancia con que se infringe la ley colombiana que propende por un equilibrio de género en los cargos públicos o analícese el desgano con que siempre han evolucionado las candidaturas femeninas a la Presidencia de la República. Parece vincularse los votos a las botas y a los bozos y mucho tendrán que trabajar las actuales aspirantes —todas con mucha aptitud— si desean cerrar la diferencia. Será una labor más ardua que la de este simple papá remendón de cantos infantiles.

Pero el tema central de esta columna no es la política colombiana. Yo sólo ando buscando buenas letras para que mi niña pueda cantar y leer. Tengo la esperanza de que alguien me escriba con buenas noticias. Aguardo.

 
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