BASTONES CONFUNDIDOS

Bastón de Asclepio Cadudeo de Mercurio
En un extraño momento el bastón de Asclepio, dios de la medicina, fue cambiado por el caduceo de Mercurio, dios del comercio y los ladrones.
La tradición griega dice que Asclepio se servía de la serpiente y un bastón para sanar enfermos y resucitar difuntos. Cuando volvió a la vida a Hipólito, hijo de Teseo, le había restado tantos muertos a Hades, rey de los infiernos, que el propio Hades fue a querellarse ante Zeus, quien le anuló a Asclepio la facultad de resucitar y sólo le permitió seguir sanando. Así, la vara de Asclepio —Esculapio para los romanos—, un bastón con una serpiente enrollada, simboliza la sanación mediada por el médico, hablándole y tocando a sus pacientes.
De Hermes —Mercurio para los romanos—, dios del ingenio, los literatos y poetas, los pesos y medidas, el comercio, la astucia y de los ladrones, la tradición afirma que su caduceo, un bastón de oro con alas y dos serpientes enrolladas, le fue regalado por Apolo a cambio de la flauta del dios Pan. Una práctica anglosajona del siglo XVI introdujo el caduceo de Mercurio —en lugar de la vara de Asclepio— como símbolo entre médicos británicos y más tarde entre galenos del cuerpo médico del ejército de los Estados Unidos y diversos países.
Pero fue otra práctica anglosajona la que fundó los actuales lazos entre los médicos y el dios del comercio. La institución de los Servicios de Atención Médica Dirigida —los seguros de salud privados—, que surgieron en los años treinta en EE.UU. como forma de controlar los costos de los servicios médicos, modificaron de raíz la relación médico-paciente en el mundo occidental, particularmente desde los años ochenta, pese a la creciente percepción negativa de los usuarios —sólo 37,5% de los norteamericanos hoy apoya ese sistema de salud— y fracaso en el control de los costos en salud.
En Colombia este enfoque comercial de la medicina, incluso de la que provee el Estado, llevó a que los intermediarios de la salud dictaran una forma negativa de relación entre pacientes y médicos, estableciendo la burocratización de unos servicios mal remunerados y que empujan —por recargados— a un segundo plano la empatía, el asumir la realidad del otro, la confianza e incluso la dignidad de los médicos, que aún con dos y tres posgrados, resignan recibir de las EPS la suma de 13.800 pesos por consulta desde 2004 sin reajuste alguno.
Nadie puede esconder que para las instituciones de salud, privadas y oficiales, la salud misma es su negocio; que los enfermos son sus números; que sus logísticas están orientadas a cumplir las metas empresariales; que buscan reducir costos aunque ello derive, muchas veces, en demorar o negar servicios o medicamentos o reemplazar a médicos especialistas por honorables enfermeras y médicos generales en la atención de programas y enfermos complejos.
En Colombia no se conocen estadísticas como las norteamericanas, pero es palpable el malestar frente a un sistema que, incluso, mantiene congelada la tarifa ISS desde 2004, violando los artículos de la Constitución que prohíben discriminar entre profesionales igualmente entrenados que realizan las mismas actividades. ¿No hay un gremio en Colombia que demande abusos como estos?
La reforma al sistema de salud de EEUU es un tema que, si bien puede decidir la presidencia de la Unión, ha sido imposible reformar a fondo tras decenas de proyectos radicados en las últimas décadas. Los Servicios de Atención Médica Dirigida son reconocidos grupos de presión, tan fuertes como las petroleras y la industria farmacéutica. En Colombia sería toda una metamorfosis la supresión de tantos intermediarios de la salud. ¿Por qué el FOSYGA no contrata directamente a los profesionales y centros de la salud y deja en libertad a los usuarios para que escojan donde ir?
En el vértigo de hoy el médico no cuenta con tiempo suficiente para bien pronunciar frente a sus enfermos las palabras de la sanación. Triste momento, puesto que palabra y sanación son hermanos siameses, hoy desgarrados tras un extraño momento en que Esculapio o Asclepio, dios de la medicina, vio reemplazar su bastón de una serpiente por el caduceo de Hermes o Mercurio, dios del comercio y los ladrones, de dos alas y dos serpientes. Fue el mismo instante en que enfermó la actual medicina y que anuncian con luces de neón las empresas comercializadora de la salud.
Aquella tradición anglosajona medieval iniciada por un médico de Enrique VIII de Inglaterra y que introdujo al caduceo de Mercurio como símbolo entre médicos británicos en el siglo XVI también materializó la suerte infausta de los alumnos del trágico Quirón, el centauro médico y músico que enseñó a Asclepio y a Hércules, entre muchos. El propio Hércules hirió a su maestro Quirón accidentalmente con una flecha untada de sangre de La Hiedra, monstruo que se regeneraba constantemente, causándole una herida muy dolorosa que nadie pudo curar.
Finalmente Quirón renunció ante Zeus a su investidura de inmortal y se le permitió apaciguar el tormento con la muerte, tras la cual fue convertido en la constelación de Sagitario. Asclepio, de acuerdo a la tradición griega, cayó en desgracia ante Zeus, quien le dio muerte con un rayo y lo convirtió en la constelación de Serpentario desde donde mira a los fulminados médicos de hoy, sanadores heridos por una comercialización cruel, médicos gobernados por el caduceo de Mercurio, ese mismo que publican cada día en las secciones de salud de los noticieros nacionales.
Hernán Urbina Joiro
Médico y escritor
Cartagena de Indias. (También publicado en la revista Medicina de la Academia Nacional de Medicina de Colombia).